sábado, 26 de noviembre de 2011

Tarot y Alquimia: "Los Enamorados" y "El Carro"


Con "Los Enamorados" y "El Carro" concluye la descripción de la primera fase de la Gran Obra Alquímica, la así denominada "Gran Obra en Blanco".


El Arcano VI de la baraja mayor del Tarot, “Los Enamorados”, representa la quintaesencia, la transmutación de los cinco primeros, “El Mago”, “La Sacerdotisa”, “La Emperatriz”, “El Emperador” y “El Sumo Sacerdote”. Es decir, así como “El Mago” representa un estadio de evolución respecto de “El Loco”, el arcano sin numerar, “Los Enamorados” lo hace respecto de aquel. Este arcano no trata de la situación de varias personas, sino la propia, interna, de solo una.
“La Sacerdotisa” y “La Emperatriz” representan las dos caras de un mismo factor (negativo), así como “El Emperador” y “El Sumo Sacerdote” vienen a hacerlo del factor positivo, mientras que “El Mago” es el factor neutro interviniente, tan original e independiente como los otros dos, y desde siempre enunciado como principio (o Ley de Tres) por los alquimistas, particularmente por Gurdjieff.

 

“Los Enamorados” (las bodas del cielo y del infierno)

 

Así, la carta no presenta una mera situación romántica (aunque también, porqué no) sino el símbolo de la primera transmutación, en la forma de una boda, una consustanciación, una comunión. Se trata de las bodas del cielo y de la tierra, o del cielo y el infierno, de los poetas iniciados.
Aquí, términos como “pasivo”, e incluso “infierno”, no tienen la connotación moral e incluso malévola que luego le diera la Iglesia Católica (lo mismo ocurre con la figura de “El Diablo”, que tiene su propio arcano, cuyo simbolismo ya trataremos en otro artículo); en este sentido, la mirada alquimista sobre estos conceptos o símbolos es más parecida a la filosófica-oriental.

 

El tercer hombre (¿un mero sacerdote?)

 

En esta carta se ve a tres personas, bajo una nube que sostiene a Cupido. La intervención de esa tercera persona, junto a la pareja, ha dado lugar a cientos de interpretaciones respecto de su significado. Hay quien dice que no se trata nada más que del sacerdote, un cura, que oficia la boda (haciendo a la vez de factor neutro), hay quien, como Mouni Sadhu, en El Tarot, descubren otras implicaciones.
Según Sadhu, el arcano representa una “Bifurcación” o cruce de caminos, la idea de elección, de decisión. “El camino del vicio, o el negativo, y el triángulo involutivo está aquí representado por otra mujer joven, bellamente vestida, que trata de atraer al Hombre hacia la izquierda, el sendero equivocado”, dice el autor, con un sesgo algo católico en su apreciación.
Sin mella de la excelente labor que Sadhu ha realizado en la traslación del Tarot a la Cábala Hebrea, nos parece una interpretación un tanto desproporcionada y carente de sentido, la de la cita anterior.

 

 “El Carro”

 

El arcano VII, “El Carro”, no hace mucho más que confirmar la consagración, la victoria que representa la situación del arcano anterior; y sirve de “broche de oro” a la consumación de la primera fase de la Gran Obra Alquímica, denominada “Gran Obra en Blanco” (las dos fases que completan el Trabajo Alquímico serán las siguientes, la “Gran Obra en Verde” y la “Obra al Rojo” (sin olvidar que cada fase se comprende de siete etapas, cada una representada por uno de los arcanos mayores del Tarot.

 

Simbología de “El Carro” (la victoria)

 

A “El Carro” (al auriga que lo ocupa) se lo suele considerar como al “hijo”, fruto de la boda consumada por los personajes del arcano anterior. En todos los casos siempre se trata en esencia de “El Loco”, en su evolución a través de su viaje iniciático, donde lo hemos visto transmutar en “El Mago”, conocer a sus partes componentes representadas por los arcanos II, III, IV y V, y consumar su segunda transmutación (¿o primera?) en el arcano VI.
El carro de la figura está formado por un dosel cubierto de pentagramas dorados, que representan los planos superiores del mundo astral, sostenido por cuatro columnas, que representan los cuatro pilares de la Alquimia, en el lema que reza: “Saber. Poder. Atreverse. Callar”, como advierte Fulcanelli en El Misterio de las Catedrales.

 

"Saber. Poder. Atreverse. Callar" (filosofía del esoterismo)

 

Porque por más que se sepa, si no se puede. O aún sabiendo y pudiendo, si no existe la voluntad.
Entonces, sabiendo, pudiendo y habiendo voluntad, los maestros exigen callar.
De cualquier manera, la experiencia es intransferible. El mensaje es alegórico y hermético, no porque el escritor se lo proponga, sino porque, aún, como cualquier semiólogo puede colegirlo de cualquier discurso, “el espíritu escapa de la letra”.
Nadie puede saber por encima de su capacidad de comprensión, la que uno nunca termina de entender cabalmente cuál es, aún cuando Jesucristo dijera que “no hay misterio sobre el cielo o la tierra que no pueda llegar a saberse”.
El universo es un orden perfecto, y nosotros somos parte de él.