sábado, 26 de noviembre de 2011

Los debilitadores sociales


El concepto de sociedad se sostiene sobre la base de heterogeneidad, cooperación y agrupación; el sistema capitalista se opone a eso.

 
“Divide et impera” (divide y reinarás) decían los romanos del antiguo imperio. Es decir, atentos a que llegado el caso no tenían la fuerza suficiente para someter de manera violenta, especulaban con que dividiendo a las masas con procedimientos no necesariamente violentos, al menos físicamente, -tales y cuáles pueden ser el infundio, la delación, el desclasamiento parcial, etc.-, debilitarían así el consenso gregario, lo que haría más fácil la colonización y conquista de pueblos enteros.

 

La práctica del "divide y vencerás" del poder económico actual

 

Ese axioma del “divide y reinarás” se mantiene en su espíritu hasta nuestros días, si bien tal divisionismo fue desarrollado hasta las últimas consecuencias, generando alienación en la sociedad, es decir, la desafectación del individuo de su contexto verdadero, al que se lo suplanta por una ilusión de realidad, basada en supuestos de necesidad, urgencias, apreciaciones, aspiraciones y valores contractuales.
Todo esto se establece y se concreta a través de programas, campañas, modas, diseñadas y concebidas por el poder económico, o la suma de poderes económicos, que son los que deciden prácticamente el devenir del mundo, al menos en lo que a sociedades humanas refiere.

 

Definición de sociedad

 

Los debilitadores sociales son todos aquellos organismos e individuos que detentan, precisamente, la neutralización conceptual de la palabra “sociedad”.
En la definición de la RAE (Real Academia Española), sociedad significa: “Reunión mayor o menor de personas, familias, pueblos o naciones. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida”.

 

Debilitadores sociales, el sistema capitalista

 

Es decir, la “sociedad” tiene tres características fundamentales e inherentes: Agrupación, unidad distintiva de cada uno de los individuos, y cooperativismo.
De lo que se desprende que para debilitar a la sociedad habrá que, o bien desagrupar, o bien uniformar a los individuos, o bien neutralizar todo intento o necesidad de cooperativismo.
El modelo capitalista es, históricamente, el mayor adversario del cooperativismo, toda vez que su modelo económico constituye la antípoda de este. Mientras que el cooperativismo propone un sistema igualitario de trabajo y retribuciones a nivel social, básicamente hablando, el capitalismo ofrece un sistema bancario de hipotecas y préstamos individuales, particulares, donde, en principio, la economía de unos pocos tendría que ver con la de los otros. Es decir, aunque luego el desarrollo de los acontecimientos proponga variables inimaginables, por definición, los planteos son los antedichos.

 

Características del sistema capitalista (contra el cooperativismo)

 

Todo poder económico se maneja por medio de operadores y agentes, en la actualidad, mayormente desplegados en áreas de publicidad y marketing. El sistema capitalista se alimenta de la ley de oferta y demanda, de la compra-venta.
La oferta y la demanda vive de las necesidades y urgencias que surgen de los individuos que integran a la sociedad; la necesidad y la urgencia genera insatisfacción. Un individuo satisfecho no tiene necesidades, no necesita comprar nada.
De ahí que al sistema capitalista le convenga mayor cantidad de individuos insatisfechos.


Publicidad y marketing, la ilusión de felicidad; agentes debilitadores de la sociedad


Se acentúa la creencia que por la compulsiva adquisición de productos y la contratación de servicios se alcanzará la felicidad.
Siguiendo regímenes, dietas, intentando con cirugía estética, yendo al gimnasio, bajando de peso, estudiando danzas en tal o cual escuela, comprando cierta y tal ropa de marca, visitando ciertos lugares, etc., se será como tal figura pública, una top model, actriz o cualquier figura mediática, referente y debilitadora social, que se presenta ante las cámaras siempre sonriente y feliz. Ser glamurosa, seductora, atractiva, adinerada, famosa, feliz, es la consigna.

 

Hábitos que conducen a enfermedades típicas del mundo moderno

 

Para ello se estimulan hábitos que conducen inexorablemente a enfermedades típicas del mundo moderno, tales como la bulimia, la anorexia, el estrés, la ansiedad, los ataques de pánico.
Se alienta a los adolescentes a mantenerse delgados a la vez que se les estimula a consumir comidas con alto grado de grasas y colesterol; se les dice que masticar cierta marca de chicle denota una actitud de rebeldía, lo mismo que usar remeras con estampados de la cara del "Che" Guevara, sublimando y neutralizando así una verdadera manifestación de genuina rebeldía adolescente.
"A partir de 1950 , con el desarrollo masivo de aparatos electrónicos domésticos, surgió otro tipo de publicidad basada en estudios psicológicos y sociológicos. Esta nueva forma de publicidad, en lugar de actuar sobre la racionalidad del público utiliza técnicas tendientes a producir reflejos condicionados y motivar deseos inconscientes", dice un artículo publicado en Internet, titulado La Publicidad y el Marketing.

 

Variantes de debilitadores sociales

 

Pero debilitador social no solo es aquel que estimula el consumismo, sino también aquellos referentes públicos, cuyas declaraciones tienen una alta incidencia en la opinión pública.
Actores que hacen campaña desleal a favor o en contra de tal o cual personaje o partido político; comunicadores que banalizan la cultura popular, promoviendo la irreflexión, lo escatológico y lo grosero, como estándares de este tipo de cultura; cantantes de canciones de protesta o de viso social, verdaderos demagogos de su público, que neutralizan la propia capacidad de autocrítica y análisis medianamente objetiva de la situación.

 

La discriminación, la madre de todos los males

 

Todo esto es en base a una filosofía y una política discriminatoria, donde una minoría poderosa y oligárquica confunde y aliena a las mayorías, a las clases medias y a las trabajadoras, en la prosecución de objetivos banales y carentes de todo sentido, más que el de su propio provecho rentable.
Tomar consciencia todos y cada uno de los integrantes de una sociedad, respecto de sus verdaderas aspiraciones, necesidades y valores, al margen de lo que ofrezca el medio, es la única solución para este flagelo.