domingo, 27 de noviembre de 2011

Jorge Luis Borges, ¿era un hombre de derecha?


¿Era Borges un hombre de derecha o tan solo un librepensador?, ¿creía en la posibilidad de una dictadura sin totalitarismos ni corrupción?


En estos tiempos corre la polémica acerca de si es correcto que el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, abra con su discurso inaugural la 31ª Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires, dadas las ofensivas palabras que reiteradas veces el escritor tuvo para con el Estado y el pueblo argentino.

 

Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires

 

Se acusa en distintos medios periodísticos a Vargas Llosa de hallarse al servicio de los intereses capitalistas, del así llamado “capitalismo salvaje”, y reconociéndolo así también como a “hombre de derecha”, se presenta la pregunta acerca de, si aún viviera, sería igualmente correcto invitar a Jorge Luis Borges a lo mismo, siendo también considerado un hombre de derecha.
Al margen de dicha polémica, es interesante echar luces acerca de la verdadera posición de Borges al respecto y si realmente era un hombre de tendencia derechista, de qué modo y hasta qué punto.

 

Borges y Pinochet; y las dictaduras

 

El 22 de septiembre de 1976, Borges se permitió dejarse galardonar por el dictador chileno Augusto Pinochet, en una actitud por la que muchos coinciden le terminaría costando el mismo Premio Nobel que obtuviera Vargas Llosa.
Fueron declaraciones de Borges en aquella ocasión: "Yo soy una persona muy tímida, pero él (Pinochet) se encargó de que mi timidez desapareciera, y todo resultó muy fácil. El es una excelente persona, su cordialidad, su bondad... Estoy muy satisfecho... El hecho de que aquí, también en mi patria, y en Uruguay, se esté salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado, en un continente socavado por el comunismo (…) Yo expresé mi satisfacción, como argentino, de que tuviéramos aquí al lado un país de orden y paz que no es anárquico ni está comunizado".

 

La condena a las dictaduras

 

Más tarde, en entrevista con el diario Clarín, el viernes 10 de abril de 1981, ante la pregunta del periodista Roberto Alifano, “¿Por qué considera condenables las dictaduras, Borges?”, el escritor responde: “Por su totalitarismo. Y por la corrupción que se establece en torno a ellas”.
No es una contradicción. Borges no condenaba a las dictaduras por sí mismas, por sus naturalezas y mismas razones de ser. El problema para Borges no eran los golpes de Estado, era que las dictaduras “se volvieran totalitaristas y se corrompieran”. No contradice su declaración en España, cuando ante inminentes elecciones presidenciales en Argentina aseguró que él “las postergaría por cuatrocientos o quinientos años”.
Borges no creía en la democracia, por ser “una cuestión de estadísticas”, como él la definía despectivamente, casi lo mismo que decir que la democracia no contempla los deseos y necesidades de las minorías.

 

Anarquía y pena de muerte

 

Tampoco cree en la anarquía, contra la que argumenta cada vez que apoya a las dictaduras.
Sobre la pena de muerte, tuvo la genialidad de decir: “Si vamos a asesinar a un asesino tenemos que devorar también a los caníbales”.

 

La imposibilidad de libertad en el pensamiento de Borges

 

Pero fundamentalmente, el problema de Borges no es político sino filosófico, él descreía de la mera posibilidad de libertad, como lo dijo en decenas de oportunidades, por ejemplo, en la conferencia que diera el 6 de agosto de 1985, en la Sociedad de Diarios, Revistas y Afines. “Yo descreo en el libre albedrío, creo que cada acto mío es fatal, creo que el libre albedrío es una ilusión necesaria”.
Y Borges sabía que la democracia es una pretensión de libertad y que las dictaduras son deterministas. Él creía en la ciclicidad de los ritmos históricos, y ansiaba la promesa del Taoísmo, de complementar lo contrario en un todo, como se expresa de un modo u otro en su vasta obra.
Incluso se rinde a sus propias contrariedades, cuando dice “si los astros son favorables… Uso deliberadamente las metáforas astrológicas, aunque detesto la astrología” (en su discurso al recibir el Premio Cervantes, en 1979).

 

Borges y la astrología

 

Seguramente, detestaba a la astrología por irracional e infundada, pero la encontraba propicia, al advertir que se ajustaba a su idea determinista, además de su amor y admiración declarados hacia su amigo, Xul Solar, artista, filósofo y astrólogo.

 

Borges era un librepensador

 

Finalmente, Borges era un librepensador y probablemente se hallara más ocupado en pensarse a sí mismo que en prestar atención a la opinión de la gente, acerca de ese mismo pensamiento. No se preguntaba acerca de las ventajas y desventajas de ser de derechas o de izquierdas, sino que se entregaba sin contemplaciones a un intento de percepción y de razonamiento, de experiencia, lo más objetivos posibles.